domingo, 23 de junio de 2013

Dura vuelta por los pueblos de la sierra - by Tomás


Hoy nos ha invitado nuestro amigo Tomás a rodar con él y con su compañero de fatigas Antonio. Despide así su temporada betetera antes de las vacaciones y ha preparado un bonito recorrido por los pueblos de la sierra. Muchos de los caminos ya los conocemos pero otros, sin embargo, será la primera vez que los pisemos y entrarán a formar parte de nuestro modesto conocimiento de la sierra de Madrid.

Puntuales acudimos a la cita en Villaba y enseguida Tomás nos saca del asfalto. Vamos dirección a Alpedrete y tras callejear otro poco, desembocamos en el Camino de la Pasada, el cual, pese a realizarlo en subida, sigue haciendo honor a su nombre.

Luego de cruzar las vías del tren y rodar por un camino encajonado llegamos a Collado Mediano para iniciar la subida al Cerro del Castillo, con sus duras rampas iniciales. En la urbanización Reajo del Roble y tras franquear un par de puertas el camino nos conduce en ligero ascenso hacia la Ermita de San Antonio para bajar luego bruscamente hasta la carretera M614.

Pasando la carretera y tomando el camino de la derecha llegamos a una puerta que Tomás nos invita a cruzar. Parece una finca particular y de hecho, nosotros solos no la hubiéramos pasado, pero vamos con Tomás y este hombre tiene todas las llaves (con él no va eso de ponerle puertas al campo).

Cruzamos la M601 por la Fonda Real y llegamos a otra puerta que esta vez nos toca saltar pues está candada: ¡No problemo! El camino nos conduce hasta el Embalse del Chiquillo, donde al tiempo que admiramos el solitario paraje aprovechamos para rellenar los bidones en su singular fuente.

En la pista asfaltada que da acceso a La Barranca circulamos con precaución porque hay mucho tráfico. Al llegar al aparcamiento giramos a la derecha para bajar (¡a toda leche!) por el Camino de los Almorchones. Clavada de frenos para girar a la izquierda e iniciar el ascenso al Embalse de La Maliciosa.

Bajamos por las empinadas zetas hormigonadas (lo que queda) y antes de llegar a Vista Real tomamos el divertido GR-10 hacia Mataelpino, y de allí, por la Vereda del Berrocal, hacia Becerril. Justo al cruzar la carretera, giramos a la izquierda para llegar a Moralzarzal.

Aquí teníamos previsto subir (a medias) al Cerro del Telégrafo, pero se nos echaba la hora encima y había que acortar. Así que directos a Villalba por el Camino de Alpedrete para finalizar esta completísima ruta de 50km en la que no faltó de nada, sobre todo el placer de rodar de nuevo en compañía de nuestros buenos amigos Antonio y Tomás.


Y aquí cienes de afotos.

Y el track:

domingo, 16 de junio de 2013

El Camino del Ingeniero

Qué bonita es esta ruta. Y qué dura. Quizás sea una de las más comentadas en los círculos beteteros y nosotros aún sin conocerla. Pues hoy nos ha tocado. ¡Y Paco con estos pelos! La verdad es que así es como acabó, pero la frase viene al pelo.

Cinco bikers nos dimos cita justo a la entrada de San Rafael: Sergio, Míguel, Jesus, Puchi y el de los pelos; aunque no éramos los primeros, pues el lugar ya estaba bastante concurrido de otros colegas que habían tenido la misma idea que nosotros (o parecida).
Aquí se empieza a subir desde el km 0. La pista enseguida se torna camino (el de la Peña del Águila), y el camino en sendero (variante); y el sendero se empina y se empina y se va llenando de piedras, con dos pasos de meterlo todo y, y...


Luego de recuperar el resuello y de hacer amigos en el collado donde se enlaza con la Cañada Real Leonesa y tras unos metros de bajada llegamos a la pista que nos conduce al collado del Hornillo, bastante más llevadera y donde coincidimos con más amigos (los de antes, vamos).
Para bajar hasta el camping de Peguerinos existe un senderito paralelo a la pista asfaltada que es una gozada. Uno de los amigos, el más lanzado, se nos une; los otros optan por la monotonía de la pista. Bordeamos el camping y decidimos tirar por lo fácil. La pista nos conducirá suavemente hasta el collado de la Gargantilla. Pero antes una paradita en el embalse de... (¡no viene el nombre en el mapa! De hecho, en algunos mapas no viene ni el embalse mismo) donde nos encontramos -¿a quién, a quién?- ... Pues sí.


Bastante pista llevábamos ya. Así que -¡tírate p'acá a la izquierda, que vamos a coronar el collado por el arroyo del Chuvieco!-, un sendero con no mucha pendiente pero con algún paso que obliga a darlo todo.

Y ya desde el collado de la Gargantilla seguimos pisteando hacia las praderas de Boca del Infierno, donde perdemos momentáneamente el track (en realidad estaba mal, no toda la culpa va a ser nuestra) y nos marcamos un pateo que no estaba previsto.

La bajada para cruzar el arroyo del Boquerón es pura adrenalina: al principio, piedras que te quieren sacar de la trazada, luego tierra que te hace bajar derrapando y todo con una pendiente negativa del 25%. ¡Qué gozada! Y nada más cruzar, el pateo (este ya previsto) hasta el inicio del camino del Ingeniero, el plato fuerte del día.

Inicio del Camino del Ingeniero
Son más de 10 km divertidísimos y exigentes, de mucha bajada y de muuucha subida (aunque no lo parezca). Mira que habíamos leído que había que afrontar este camino con fuerzas suficientes para disfrutarlo a tope. Y qué razón tenían. Al final, por suerte o por desgracia, nos comimos 2 km, pero no importa; así tenemos excusa para volver.

¡Qué bonita es esta ruta!. Y qué dura.

Las fotos.

Y el track:

domingo, 9 de junio de 2013

La Rompepiernas de Hoyo

Esta es una de esas rutas que siempre tienes en la recámara y estás deseando hacer; pero sin las aglomeraciones de la marcha organizada. Y con el track del año pasado nos plantamos en Hoyo, con un tiempo que, aunque amenazaba lluvia, nos respetó y apenas vimos unas gotas en la pantalla del GPS.

Es la segunda vez que venimos a Hoyo (algo imperdonable, pues el lugar merece y requiere una visita domingo sí domingo también para conocer todos sus senderos y pasos pedroleros que tanto hacen disfrutar a los mountainbikers) y el comienzo nos resulta conocido. Además, enseguida comenzamos a ver las balizas que marcan el trazado de la carrera y pensamos ¡que suerte, todavía no han quitado las señales de la marcha de este año!
Vamos acumulando senderos por la parte oeste del pueblo pero sin pasar por las grandes piedras de la otra vez, hasta llegar a la cascada del Cobacho, con su gran losa que superamos en zigzag hasta que el escalón final nos hace poner pié a tierra.

Comenzamos a bajar; en un momento dado abandonamos nuestro track para seguir a unos bikers por un sendero con mejor pinta que el que íbamos a tomar. Seguimos bajando, ahora por donde hace un rato habíamos subido para recuperar la trazada original y al cruzar el arroyo de Peregrinos (el punto más bajo de este bucle) los dos jesuses somos testigos del milagro de la separación de las aguas. Fue ver a Paco cruzarlo a toda leche y levantando unas olas de un metro que dejaban ver el lecho del riachuelo, que no tuvimos más remedio que postrarnos y meditar un momento para... ¡partirnos de la risa! Si se llega a quedar allí en medio se ahoga seguro.
Para llegar de nuevo al pueblo se remonta por el camino de Galapagar, hasta que se gira a la izquierda en la zona de los Lanchares. En este punto el terreno se va complicando por momentos, empinándose y volviéndose más técnico a cada pedalada. Pero con unos cuantos arreones en los puntos clave se puede superar, eso sí, acabas con el corazón en la boca.

Justo cuando llegamos a la civilización somos informados de que la carrera va a empezar en dos horas. ¿Eh, pero es hoy la carrera? Ni haciéndolo adrede nos sale mejor. ¡A ver si vamos a ganar sin estar inscritos, jeje!

El tramo de la Colada de las Cañadas que transcurre por el norte de Hoyo era desconocido para nosotros. Tiene tres puntos técnicos: el primero en subida es superable, pero tienes que ir sobrado de fuerzas; el segundo no se puede (además, es el punto en el que todo el mundo se hace la foto, pero bajando claro. Y el tercero es un escalón en bajada que se hace sin más que le eches un poco de decisión.

Y tras cruzar la carretera se entra en el segundo bucle, más pistero y sin ninguna dificultad ya, sólo el cansancio acumulado. Lo único destacable de este tramo es vimos a Luis, el de Biciárea, otra vez (dos en poco tiempo) ¡Que casualidad!

domingo, 26 de mayo de 2013

Tapia de Viñuelas y dehesa boyal de San Sebastián

Para hoy necesitábamos una ruta corta, pero nada de carril, que en lo que llevamos de año, casi la mitad de nuestras salidas han consistido en rodar siguiendo la alfombra roja y, claro, Pako con la flaca todavía tiene un pase, pero nuestras ruedas gordas se están aburguesando y eso no puede ser, hay que sacarlas a su entorno natural.

Lo de la brevedad venía dado porque en este fin de semana, uno el sábado y otro el mismo domingo, dos de los miembros del grupo acumulaban un año más experiencia y los ineludibles compromisos nos obligaban a no alargar en exceso la salida.

Un susgus para el que adivine quién es el mayor
Así que nos venimos a Tres Cantos, a dar una vuelta por los senderines que rodean la tapia del Soto de Viñuelas (eso sí, a toda leche y... alguna caída nos costó). Aquí coincidimos con un grupito de dos tías y un tío, que no veas cómo tiraban las condenadas. En la urbanización Ciudalcampo reagrupamos y, hablando de esto y de aquello, resulta que ¡habían estado la semana anterior en El Soplao!, así que Pakito ya tuvo tema de conversación hasta que nos abandonaron en la siguiente urbanización.

Como íbamos con tiempo de sobra, decidimos darnos una vuelta por la dehesa boyal de San Sebastián; un lujo de paraje para caminantes, corredores y ciclistas de los alrededores. Y al final, como seguíamos dando pedales como posesos, hasta nos pudimos tomar una buena cerveza (rebajada, que había que volver a casa).

Y el track:

domingo, 12 de mayo de 2013

Regreso a Casa Eulogio

Habíamos quedado a las 8:00 (Míguel, Jesus y Puchi) pero ciertas necesidades imperiosas de esas que sobrevienen a primera hora después del café nos retrasaron 15 minutos. Sin Pako (preparando El Soplao en Béjar, y nos consta que no a base de reposo) y sin Javi, teníamos tiempo de sobra para llegar a la cita con Rubén en la Protección Civil de Rivas.
Temiendo un gran charco en el paso habitual de la M50 decidimos cruzarla un poco más arriba pero no nos salió bien la jugada y tuvimos que volver sobre nuestros pasos para cruzar la autopista y las vías del AVE por el Camino del Congosto.
Una vez orientados, llevábamos un buen ritmo (ya se encargaba Jesus de que no decayera) por el Camino de Salmedina, sólo interrumpido por el cruce de los charcos radiactivos.

Ya con Rubén en el grupo nos dirigimos hacia Casa Eulogio donde nuevos carteles disuasorios nos hacen pensar si pasar o no... hasta que vemos a unos bikers que bajan y otros que se cuelan con toda naturalidad, por lo que nuestras dudas se disipan y ¡hala, t'os p'arriba!.
Superada la tachuela buscamos la bajada trialera del escalón, inclinada y técnica al principio, pero que una vez pasado el obstáculo, se convierte en un sendero rápido y divertido. ¡Lástima que dure sólo un suspiro!
Tras llegar a la pista principal, giramos a la derecha, hacia el desprendimiento. Por aquí coincidimos con muchos corredores y grandes grupos de bikers. Alcanzamos la rotonda de la Warner rápidamente y, en vez de subir La Marañosa por el carril, lo hacemos por uno de los muchos caminos del pinar, aunque para acceder hay que hacer un poco el cabra.
Regresamos por el Camino de la Aldehuela hasta cruzar el río Manzanares, donde nos despedimos de Rubén, y volvemos sobre nuestras primeras pedaladas, todo ya cuesta arriba hasta Vicálvaro.

Más fotos y el track:


domingo, 21 de abril de 2013

La Cruz de Abantos

A las nueve en punto hacíamos entrada en el aparcamiento de La Herrería. Cinco bikers, cinco (a saber: Sergio, Pako, Míguel, Jesus y Puchi) dispuestos a lidiar con el monte de Abantos, paraje éste de lo más serio de la sierra madrileña.

Comenzamos subiendo, hacia el Monasterio, para callejear luego en busca de la presa del embalse del Romeral. Un poco más arriba se deja el asfalto y tras tomar aire por el Cordel del Valle, afrontamos la técnica subida por las famosas zetas hasta el área recreativa de Los Llanillos.

Enseguida llegamos a la pista principal de subida al Puerto de Malagón, muy concurrido ya por bikers y coches (¡pero cómo pueden subir coches con la de socavones que hay!). Desde aquí la cosa suaviza un tanto, hasta la trialera que da acceso al pico de Abantos, una torrentera de 600m con una pendiente del 15% aderezada con unos cuantos piedros para ponérnoslo un poquito más difícil.


Y arriba la recompensa...


Seguimos hasta el Refugio de la Naranjera por una serie de exigentes toboganes tanto por las subidas como por las bajadas, y de ahí a la Fuente de las Negras por un rapidísimo sendero (aunque hay que patear los primeros metros). Tras reponer agua (¡qué rica!) toca subir otra vez hasta el límite provincial, pero desde aquí hasta los coches es todo, todo cuesta abajo.

La archiconocida trialera de Los Vascos se puede dividir en tres zonas. Hasta el tercer punto de contacto con la carretera, en una especie de presentación, discurre con fuertes pendientes y algunas piedras que te dejan a la expectativa.

El segundo acto, hasta el Arboreto de Ceballos, es espectacular. La pendiente sigue siendo la protagonista pero ayudada por otros personajes importantes como el agua, el barro, los pedrolos y las raíces, todos en su justa medida, que ponen el listón un pelín alto pero, con decisión y dejando que la máquina haga su trabajo, gratamente superable (¡subidón, subidón!).

El desenlace, sin embargo, no estuvo a la altura del resto de la obra. Por un error del navegante (¡ay, ay, ay, no advirtió un desvío a la izquierda que prometía más disfrute y diversión!) nos vimos inmersos en un río de piedra suelta, de esa que no aporta nada y que además se cobró dos feas caídas afortunadamente saldadas con unos pocos rasguños y contusiones.

En resumen, ruta completísima de auténtico MTB.

Muchas más fotos pinchando aquí.

Y el track:

domingo, 14 de abril de 2013

La Pedriza, con subida fallida a La Nava

Día grande. De todo hubo, en cantidad y en calidad. Sol -por fin- y calor. Gente -en bici, andando, corriendo-, y todos contentos, sufriendo pero contentos. Una subida larga y dura donde las haya, sólo interrumpida por la nieve a falta de 3km para coronar La Nava.

El paisaje, sin palabras. Los ojos duelen cuando miras hacia el blanco de las cumbres, pero se relajan cuando bajas la vista hacia las verdes praderas del valle. Y agua, pero en su sitio. Todos los arroyos suenan y el Manzanares atruena.

No tiene perdón perderse un día y un lugar así.